Como hoy en día pocos periódicos son lo que eran, en cuanto a credibilidad y fiabilidad en lo que publican, y de lo que se difunde por Internet, Facebook o eso que llaman, creo, Twiter (tal vez de puro retorcimiento), es temerario creer casi cualquier cosa de lo que por allí se difunde. Y, eso sí, las cosas de propagan una velocidad de vértigo, directamente proporcional a su incredibilidad, cínisco, escabrosidad o más mentiroso sea.
Redacto estas líneas, no repuesto aún de mi estupor, tras confirmar en la web del periódico El Día, de Santa Cruz de Tenerife, algo que ya antes me había dejado ojiplático en el facebook: “Manolo, cómeme...”. Así, con estudiada vaselina, titulaba el periódico un artículo sobre el festival Keroxen que conviene lean con suma atención los jefes de tribus políticas y los programadores de eventos, dizque culturales, financiados por las administraciones públicas, es decir con nuestro dinero dilapidado para su mayor loor y compra de votos.
José Carlos Alberto iniciaba su crónica, que visto lo visto en YouTube suscribo de la cruz a la raya, así: “De locos. Una de las plataformas de Tenerife para la difusión de la Cultura ha puesto en escena una surrealista performance que lleva por título “Manolo cómeme el coño”. Una fulana, que responde al nombre de Nuria Delgada, salía totalmente despelotada para clamar a un tal Manolo, que no sabemos quién es, que le meriende el chumino. Con sus pechos entre sus manos y las bajezas bien dispuestas, adornada por un xilófono como único acompañamiento musical, esta friki que desafinaba más que el propio Bob Dylan, le dio la tabarra a propios y extraños durante más de una hora”. En lo de Bob Dylan, tal vez exageró un poco Juan Carlos Alberto, pero en el resto se quedó muy corto.
Parece imparable la tendencia al alza para publicar groserías protagonizadas por políticos o personajillos de la farándula, así como en programar zafiedades en espectáculos públicos, de más que dudoso gusto, tal vez salvo para una juventud educada, es un decir, en el relativismo ético y moral, en el todo es igualmente respetable y en el todo vale que parece reinar en este milenio. Por poner sólo unos ejemplos, rogando de antemano al lector disculpe lo que de escatológico pueda escribir. Hace algún tiempo veía el cartel de una obra de teatro con el título: “Las mujeres son de Venus y los hombres del coño de su madre”. Hace mucho menos oímos a Echenique que le “chuparan la minga” entre grandes risotadas de chicos y chicas que compartían la gracieta, o a Pablo Iglesias decir que azotaría hasta sangrar a una presentadora de televisión que le era incómoda por no bailarle el agua.
Por mucho menos, esos mismos personajes están crucificando a Donald Trump, que expresó de forma políticamente incorrecta y sin duda inadecuada, lo que todos estos individuos piensan y no dudan en publicar en su medio favorito que son las redes sociales. Es lo que la Biblia dice de aquellos que ven en ojo ajeno una paja, dicho sin segundas dado el tenor de todo lo anterior, y no la viga en el propio. O lo de las múltiples varas de medir.
Reconozco que soy persona formada en aquellos valores sociales que antes se llamaban urbanidad y buenas costumbres, materias hoy desterradas de las escuelas y de muchos hogares, pero me resulta difícil de entender como se producen grandes algaradas y “manifas muy progres” de las feministas, por cierto que apoyadas por el más feminista de los feministas que es Pablo Iglesias y sus compañeras de Podemos, pero no protestan escandalizadas cuando en muchos locales para jóvenes proyectan los videoclips de la cadena MTV, puro histrionismo y mal gusto, adobado de un machismo insufrible, con toques de sadismo, que degrada sin el menor respeto la imagen de la mujer, reducida un objeto sexual que se contorsiona semidesnuda alrededor del macho de turno, vestido para la ocasión (ellos no se desnudan), o a mostrarse “seductora” a fuerza de obscenidad.
¿De qué sirve aleccionar con soflamas a los jóvenes contra el machismo y la violencia de género, si al mismo tiempo se ignora cómo se reproducen en cualquier local para ellos estos mensajes degradantes a la vez que ruidosos y de contenido, a mi entender, totalmente deplorable? Y es que una cosa es predicar en mitines y otra es confrontar la vida real.