En estos momentos de fuerte recesión mercantil y grave precarización social, en que los gobiernos estatales y el sector empresarial convencional ahondan la deriva con enormes recortes y despidos masivos, aún hay una manera capaz de impulsar la actividad económica y de generar empleo decente, que siempre ha estado ahí y que, en estas circunstancias, es la más eficaz para lograr cumplir con esa prioridad de interés general. Se trata de que el "tercer sector" -el de la emprendeduría social y las entidades sin ánimo de lucro- coja el relevo y tome la iniciativa de la recuperación de nuestra economía interna, juntando los recursos productivos locales inutilizados y las capacidades laborales de nuestra ciudadanía desempleada ¿Por qué este sector?
Porqué las administraciones públicas, tras décadas de privatización de los recursos económicos estratégicos y de externalización de sus servicios, están muy mermadas para poder ejercer de promotoras de la ansiada recuperación. La importancia de disponer de un poderoso sector económico público, como garante de la cohesión económica de la ciudadanía ante las inevitables recesiones de la economía capitalista, es una lección, aprendida amargamente tras el hundimiento del liberalismo económico a finales de los años 20 del pasado siglo, que el fundamentalismo neoliberal imperante ha vuelto a obviar, y ahora "tocan" lamentos para la gran mayoría.
Porqué el conjunto del empresariado orientado al lucro, ante el estrangulamiento de la financiación y el parón en las ventas, está reduciendo drásticamente su actividad y mermando severamente las plantillas de empleados, mientras no vuelvan las oportunidades de enriquecimiento privado. Además, en esta época de ingresos mínimos, mantener como finalidad del emprendimiento la búsqueda de beneficios, cursa como una auténtica rémora, como un "coste" añadido, que impide poner en marcha múltiples actividades económicas.
Y porque las empresas y entidades de la economía social -las cooperativas, las sociedades anónimas y limitadas laborales, las empresas de inserción, las organizaciones no gubernamentales, las fundaciones y las cofradías de pescadores- son las que, priorizando la participación en la propiedad y el trabajo dentro de la empresa y los fines sociales en sus objetivos, resisten mejor la crisis y más posibilidades tienen de ser el vehículo ejemplar de la recuperación.
Son estos tiempos de austeridad, de muchos esfuerzos y pocas alegrías, por lo que precisamos hacer acopio de energías y de valores. Para ello, es prioritario que la sociedad y sus instituciones se apliquen a compartir las dificultades y las oportunidades. Pero ¿cómo? Desde luego, solidariamente y con los recursos internos, que es con los que podemos contar. Hay que potenciar la economía local. Múltiples recursos materiales se podrían volver a activar y un sinfín de habilidades laborales se podrían volver a aprovechar. Si hubiera dinero para emplearlos... o si se ponen en común acuerdos de apoyo mutuo entre las iniciativas públicas y privadas con las sociales. Este es el tiempo de la economía de interés social.
Con los inmensos aportes materiales existentes, que languidecen por la pérdida de actividad, y con las ingentes capacidades humanas desempleadas, aún se pueden generar múltiples yacimientos de empleo y de riqueza. Esta sería una aventura socioeconómica con "lo nuestro" y , por ello, con todas las posibilidades de resultar fructífera, ejemplar y altamente reproducible en los distintos sectores de nuestra economía.
Xavier Aparici Gisbert, filósofo y emprendedor social. http://bienvenidosapantopia.blogspot.com