Me diagnostican cáncer de mama a los 32 años, yo misma noto un extraño bulto en el pecho y acudo enseguida al médico, allí tengo que insistir para que me mande al ginecólogo pues por mi edad no le dan importancia. Los trámites médicos son muy lentos y pasan dos meses hasta que me ve la ginecóloga en el Materno. Ese día paso toda la mañana haciéndome pruebas sin que me den ninguna explicación. Cuando finalmente vuelvo a la consulta entro sola, donde la ginecóloga sin mucha psicología me comunica que “la biopsia ha dado positivo en células cancerígenas y me derivan a oncología para comenzar el tratamiento”. En ese momento me quedé totalmente en shock, mi mundo se paralizó y se derrumbó. No entendía ni asimilaba lo que acababan de decirme, tan sólo pensaba tengo cáncer y voy a morir.
Tardan un mes en citarme en oncología y durante ese tiempo paso un auténtico infierno, no solo por el miedo, la angustia y la depresión sino porque, además pierdo mi trabajo como peluquera por enfermar de cáncer. En la consulta, la oncóloga me informa que tengo un tumor de 3 cm en el pecho izquierdo con metástasis en la axila. Para evitar que siga extendiéndose y reducir el tamaño deciden comenzar primero con la quimioterapia y operar después. A pesar de que en mi caso el tratamiento fue muy acertado y eficaz, no entiendo por qué no tienen en cuenta mi opinión, pues como paciente me hubiese gustado poder participar en las decisiones sobre mi tratamiento. Además, me comunican que mi cáncer es de tipo hormonal y debido al tratamiento podría tener dificultades para tener hijos en el futuro. Como mi deseo es ser madre, me ofrecen la posibilidad de preservar mis óvulos. Sin embargo, no pude recurrir a este método pues se realiza mediante empresas privadas y es muy caro. Tan solo existe acuerdo con la seguridad social para preservarlos pero no para la inseminación, además el propio procedimiento requiere un tratamiento que podría agravar y acelerar el cáncer.
Durante los meses de quimioterapia lo pasé muy mal, los efectos secundarios fueron terribles, sufrí muchos dolores, evidentes cambios físicos, debilidad, llagas, pérdida de peso, apetito y autoestima. Encima, las horas de espera para entrar a las consultas y tratamientos son eternas porque el número de pacientes aumenta cada vez más. La mayoría tenemos miedo, estamos perdidos, confusos y no hay nadie que nos escuche. Los oncólogos hacen un excelente trabajo tratando la enfermedad pero no se trata al paciente. Aquí, me doy cuenta de que en el hospital no existe ninguna terapia ni apoyo psicosocial que nos ayude a asimilar y sobrellevar todo este proceso.
Finalizada la quimio tuve que ser operada en dos ocasiones, en la primera me extirpan el tumor del pecho y un ganglio en la axila, que da positivo y tienen que volver a operarme un mes después pero, en esta ocasión me extirpan todos los ganglios, y amplían el margen del pecho por precaución. Estos resultados afortunadamente dan negativo, y por fin estoy libre de cáncer, pero con secuelas de por vida. La cirujana se disculpa por realizar esta operación tan radical, pero no existe otro protocolo que les permita averiguar el número de ganglios afectados por cáncer. Por ello, he perdido mucha movilidad en el brazo y tengo limitaciones para llevar una vida normal, necesito la ayuda de otra persona para realizar muchas de las actividades diarias. Además, necesito hacer ejercicios de rehabilitación permanente y vendarme el brazo todas las noches para evitar la hinchazón. En ningún caso, puedo volver a la profesión de peluquera que ejercía anteriormente y tengo que solicitar la incapacidad permanente, pero no he podido obtenerla porque llevo un año reclamando al INSS para que me reconozca la antigüedad en la demanda de empleo. El día que debía renovarla no pude acudir porque estuve todo el día en la consulta del hospital, incluso necesité una transfusión de sangre. A pesar de presentar los papeles médicos que lo demuestran continúan sin aprobarlo y he tenido que presentar dos reclamaciones, hecho que me parece indignante.
Durante todo este tiempo, no he podido trabajar y tampoco he percibido ningún tipo de ayuda económica que me permitiera mantenerme sola. He necesitado ayuda económica, emocional y atención personal, además para poder cuidarme mi madre tampoco ha podido trabajar y hemos tenido que limitarnos a sobrevivir con la pensión de viudedad que recibe. Como trabajadora social y paciente me indigna que no exista ningún tipo de ayuda económica específica para pacientes en mi situación a pesar de la gran demanda y necesidad que existe. Así mismo, solicito más recursos para atender y acortar las listas de espera a los tratamientos y consultas. Yo misma, tuve que esperar dos meses para ginecología, un mes para oncología, tres meses para rehabilitación y para radioterapia, donde tienes suerte si recibes tratamiento sin que la máquina se rompa. Además de esto, critico la falta de medios de transporte por los recortes, pues no disponía de medios económicos ni coche , y tampoco pude solicitar una ambulancia que pudiera llevarme a tratamiento de quimioterapia como después a radioterapia, en el Hospital Negrín, por eso tuve que recurrir a amigos y familiares que me dejaron su coche.
Espero que mi caso sirva para despertar conciencias sobre las dificultades que sufrimos los pacientes oncológicos durante todo el proceso y, entiendan que deben implantarse más medios y recursos que faciliten la integración en la sociedad.
Finalmente, agradecer al Departamento de Oncología del Hospital Insular, especialmente a mi oncóloga Elena Vicente por su excelente trabajo y dedicación. A la Unidad de Atención psicosocial a Enfermos de Cáncer y sus familiares del Ayuntamiento de Santa Lucía por toda la información, apoyo, cariño y por el estupendo trabajo que realizan. Y por supuesto, a mi familia y amigos por toda la ayuda, comprensión y amor que he recibido y que han ayudado a salir adelante.
Mi experiencia me ha enseñado a ver la gran fuerza y capacidad de lucha que tengo, que el amor y el apoyo son fundamentales para la curación, que la esperanza jamás se pierde, y que, como trabajadora social quiero ayudar a otras personas que se encuentren en mi misma situación. Por eso, estoy diseñando un proyecto enfocado a la ayuda psicológica y social en los centros hospitalarios, destinado a orientar, informar, dar apoyo psicológico, realizar terapias grupales e individuales, talleres de nutrición y terapias alternativas a pacientes oncológicos y sus familiares. Para ello, me comprometo a ponerme al servicio de todo ayuntamiento, entidad o persona interesada en colaborar para que este proyecto salga adelante.
Pueden contactar conmigo en la dirección de correo audrey_dolly81hotmail.com. Atentamente, Atti Méndez Romero.