La celebración del 30 aniversario del hermanamiento entre Segovia y San Bartolomé de Tirajana cuenta con protagonistas imprescindibles más allá del ámbito institucional, como María Antonia Guerra, referente de la cocina y la tradición tirajanera, cuya implicación ha sido clave para enriquecer este vínculo cultural.
Con más de dos décadas de experiencia como cocinera en las escuelas infantiles y en el centro de día del municipio grancanario, Guerra ha dedicado su vida profesional a cuidar a niños y mayores a través de la gastronomía. “Los dos me llenan de felicidad”, asegura, destacando el valor humano de su trabajo y el cariño recibido a lo largo de los años.
Su relación con el hermanamiento se remonta a antes de su jubilación, aunque fue hace aproximadamente una década, tras la centralización de las cocinas municipales, cuando pudo implicarse plenamente en los viajes a Segovia. Desde entonces, su aportación ha sido constante, especialmente en la organización de la tradicional cena canaria.
Más allá de la cocina, María Antonia se ha convertido en un sello distintivo del evento gracias a su dedicación en la decoración y ambientación. Desde centros de flores hasta photocalls con identidad canaria, su creatividad ha contribuido a dar personalidad propia a estos encuentros. “Los segovianos ya me conocen por eso”, explica.
En el apartado gastronómico, destaca su papel en la consolidación de platos emblemáticos como la mousse de gofio, una receta que introdujo hace cinco años y que se ha mantenido desde entonces por su éxito entre los asistentes. Su objetivo, señala, es acercar la cultura canaria a través de los sabores, incluso entre quienes inicialmente desconocen productos como el gofio.
Emocionada durante la entrevista, Guerra también puso voz al sentimiento de pertenencia y orgullo por su tierra, que trasladó en forma de versos dedicados a la gastronomía y tradiciones canarias. Un homenaje que culminará al cierre de la cena con una poesía dedicada a quienes ya no están.
Para María Antonia, el crecimiento del hermanamiento, con la incorporación de nuevas instituciones y participantes, es motivo de satisfacción, aunque recuerda que mantenerlo requiere esfuerzo y compromiso. Su testimonio refleja el papel esencial de las personas anónimas que, desde la cultura y la tradición, sostienen y dan vida a esta relación entre territorios.