"Entre un gobierno que lo hace mal y un pueblo que lo consiente, hay una cierta complicidad vergonzosa” (Victor Hugo)
Esta “sentencia” del autor de LOS MISERABLES, me llama a la reflexión y al análisis de lo que actualmente está soportando la ciudadanía de este País. Ya el pasado miércoles, cuando ví, en primera página de un periódico regional, una fotografía del reclutamiento de jóvenes canarios a los que se les ofrecía un futuro de “rosas” en países tales como Alemania, Suecia y Dinamarca, organizado por un Instituto de Enseñanza de nuestra Isla, no pude frenar un escalofrío al constatar la manera tan gélida e impersonal de vaciar a este País de su generación más preparada dándole el “bombo” y el “disfraz”, que bajo la apelación de Eures Jobs Day, ponían como “engó” en una “vitrina” vestida, para la ocasión, de verde esperanza.
Y todo ello transcurría en una semana, la actual, en la cual y al comienzo de la misma el Vicepresidente y Consejero de Educación, Universidades y Sostenibilidad del Gobierno de Canarias, José Miguel Pérez, firmaba un convenio de Colaboración con la Consejería y la Confederación Canaria de Empresarios y la Confederación de Provincial de Empresarios de Santa Cruz de Tenerife para el desarrollo y gestión de la formación práctica del alumnado en centros de trabajo (FCT).
Decía el Sr. Pérez ese día que “la formación de nuestros chicos y chicas en centros de trabajo supone un puente sólido entre el mundo educativo y el tejido productivo que Administraciones y Empresarios tienen que favorecer e impulsar”. Se le olvidó decir al Vicepresidente y Consejero de Educación que, precisamente en el año 2011 sólo se gastaron 561 millones de Euros de los 763,77 millones de nuestra moneda actual, que estaban destinados a la formación de nuestros estudiantes. Como también olvido de señalar el Sr. Pérez que, según la normativa actual, los trabajadores con al menos un año de antigüedad en la empresa tienen derecho a un permiso retribuido de 20 horas anuales de formación para el empleo.
Pero la cruda realidad está precisamente en la fotografía del periódico del pasado miércoles. Una instantánea que refleja la fría y desnaturalizada realidad a la que cuotidianamente tienen que enfrentarse nuestros jóvenes. Esta generación que con tanta expectación por parte de sus padres y también de ellos mismos, se habían preparado en Institutos y Universidades con el único fin de afrontar el futuro con la tranquilidad que les otorgarían los conocimientos adquiridos.
Luego vienen las pretensiones de quienes les reclutan. No quieren llevarse la mano de obra, no. Viene a llevarse a Médicos, Enfermeros Titulados, Técnicos en Robótica o Profesionales del Gremio de la Hostelería. Luego llegará la segunda etapa en la que se ofrecerá a los más destacados en la especialidad que desarrollen, la nacionalidad del “País de Acogida”. De esta manera será este país y en nombre de su nacionalidad, quien solicite las ayudas o subsidios correspondientes a una tesis de trabajo, una investigación galardonada por su búsqueda en pos de una mejor calidad de vida, etc. etc. En una palabra, la salida de “cerebros” a coste cero. Y esto sin hablar de los ¿salarios? Que van a percibir en un principio, por el trabajo que les hayan encomendado.
Creo que la reflexión se impone como se impone el “puñetazo” encima de la mesa exigiendo a nuestros representantes políticos una mejora social. Mejora que ya habíamos alcanzado y que ellos están pisoteando día a día en nombre de una bonanza económica que en realidad, es la tranquilidad de un sistema bancario que nos ha puesto, a los ciudadanos, A LOS PIES DE LOS CABALLOS.