Nuestra historia no es más que la historia de quienes estuvieron antes, de quienes están ahora y de lo generosos y generosas que seamos con quienes vengan en el futuro.
Santa LucÍa ha sido tierra de vientos, aulagas y olor a tomate y azufre, tierra que comienza a sufrir un cambio cuando hay gente que decide instalarse aquí y lo hace con un espíritu de ilusión, con ganas de avanzar y con un compromiso serio con el presente y futuro de este municipio.
A partir de ese momento, unas veces a un ritmo lento, otras de forma acelerada, se producen profundos cambios en estas tierras del sureste de Gran Canaria.
El pluralismo de culturas, que llega a raíz de la demanda de trabajadores/as para el cultivo del tomate, y posteriormente para el sector turístico, marca el carácter y la identidad de nuestra gente. Familias de Lanzarote, Fuerteventura, del norte de Gran Canaria... comienzan a intercambiar sus maneras de hacer, se relacionan, se mezclan, se imitan y avanzan.
Entre todas y todos hemos construido una historia marcada por el sudor, el esfuerzo, la miseria, la explotación…Y marcada también por las reivindica-ciones, la lucha organizada, el trabajo en equipo, las conquistas… y la satisfacción por lo conseguido.
En las últimas décadas, el sacrificio de nuestros padres y abuelos, junto al esfuerzo de los vecinos y vecinas, de los diferentes sectores sociales y económicos y de la administración local, han hecho posible que tengamos unas infraestructuras, recursos y servicios públicos de calidad, y que podamos vivir con dignidad.
70.000 habitantes que conviven superándose cada día, demostrando que seguimos llevando como seña de identidad la ilusión por la superación y el desarrollo. Sin olvidar nuestras señas de identidad, impulsando la modernidad y manteniendo la tradición. Prueba de ello es nuestro sector empresarial, quien además de abrir pequeñas y medianas empresas se preocupa de mantenerlas ofreciendo a la ciudadanía unos servicios de calidad.
Santa Lucía cuenta con uno de los tejidos asociativos más vertebrados de la isla, que ve en el trabajo comunitario el motor de su desarrollo. Con un alto nivel de conciencia colectiva donde la prioridad es el progreso y la justicia social.
Nuestros principios se han materializado en proyectos por la defensa de la igualdad de género, la participación activa de las mujeres, la lucha contra la pobreza, la defensa de la justicia, la solidaridad y cooperación con los desfavorecidos, la calidad de los servicios públicos. Hemos apostado por el desarrollo de infraestructuras y servicios en materia de educación y cultura, como motor de la transformación.
Con nuestro desarrollo social, económico y cultural contribuimos al crecimiento económico y social de la isla de Gran Canaria, ganándonos así, a pulso, el lugar que ocupamos en el ámbito insular y regional.
La materialización de todo esto ha supuesto que hoy podamos ofrecer a la ciudadanía de Santa Lucía una dotación social, de servicios, educativa y cultural satisfactoria, con un alto índice de satisfacción en el nivel de calidad de vida.
Cumplimos 200 años, y queremos aprovechar este aniversario para dar las gracias a todas aquellas personas que trabajaron duro la tierra; gracias a todas las que impulsaron el movimiento social; gracias a las mujeres atrevidas que parieron a sus hijos/as en medio de los surcos y junto a ellos/as defendieron después la escuela pública para que tuvieran estudios; gracias a las que abanderaron la Nueva Escuela Canaria en este sureste; gracias a quienes creyeron e impulsaron el Ateneo Municipal, y con él la cultura; gracias a todas las que salieron a manifestarse en contra de las desigualdades y las injusticias; gracias a las personas que dan su tiempo voluntariamente a las asociaciones y los clubes; gracias a las personas que han impulsado una empresa en este municipio... Gracias, en grande, a nuestra historia y a quienes la han hecho posible.
Junto a este agradecimiento quiero también pedir a la ciudadanía un compromiso para seguir trabajando por la cohesión y la vertebración de nuestro municipio, por la construcción de una sociedad moderna, dinámica y participativa, para seguir mirando el futuro con esperanza.