El Centro de Educación de Personas Adultas (CEPA) San Bartolomé de Tirajana ha iniciado el nuevo curso académico con una elevada demanda en su oferta de Formación Profesional, especialmente en los ciclos superiores de Educación Infantil e Integración. Así lo explicaron en una entrevista en Radio Sol el director del centro, Manolo Funes, y la jefa de estudios, Ángeles Alemán.
El ciclo superior de Educación Infantil cuenta ya con 52 alumnos matriculados, con las plazas reservadas para completar dos grupos, mientras que el ciclo de Integración suma 28 estudiantes. La dirección del centro destaca la buena acogida de ambas enseñanzas, en un contexto en el que la Formación Profesional está ganando peso dentro de la oferta educativa para personas adultas.
Funes explicó que el centro ha perdido este curso un ciclo medio que había sido concedido debido a la falta de preinscripciones suficientes. El director considera que se trata de una consecuencia de la necesidad de optimizar los recursos educativos, aunque adelanta que el centro estudiará para próximos cursos qué titulaciones tienen mayor demanda en la zona para solicitar nuevas enseñanzas.
En este sentido, el CEPA está detectando un cambio en el perfil de su alumnado. Mientras disminuye progresivamente el número de estudiantes en Secundaria para personas adultas, aumenta el interés por la Formación Profesional y por enseñanzas más especializadas. “Tenemos que buscar alternativas”, señaló Funes durante la entrevista, ante la previsión de que algunos grupos de Secundaria puedan ir perdiendo alumnado a medida que se completan las titulaciones.
Una de las principales características de los ciclos superiores del centro es su modalidad semipresencial, que permite al alumnado acudir a clase un día a la semana, con la posibilidad de un segundo día de carácter voluntario. Esta fórmula facilita la conciliación de los estudios con la vida laboral y familiar y responde especialmente a las necesidades de personas adultas con responsabilidades familiares.
El perfil predominante en estos ciclos es el de mujeres de cierta edad, muchas de ellas con cargas familiares y laborales que encuentran en esta modalidad una oportunidad para continuar su formación. Según explicó la dirección, de alrededor de 90 matrículas en los ciclos son únicamente seis o siete hombres.
El centro también destaca por su capacidad para atender a un alumnado de diferentes nacionalidades. La matrícula permanece abierta prácticamente durante todo el curso y, especialmente durante la segunda mitad de septiembre, se espera un nuevo incremento de incorporaciones. Entre el alumnado extranjero existe una importante demanda de formación básica y de aprendizaje del español, que permite posteriormente acceder a otras enseñanzas.
Además de su sede principal, el CEPA San Bartolomé de Tirajana dispone de dos aulas adscritas, una en el IES El Tablero y otra en el Castillo de Romeral, donde se imparte formación básica. El centro también desarrolla una importante labor educativa en el centro penitenciario, donde tiene matriculados entre 400 y 450 alumnos y cuenta con 14 profesores.
La enseñanza en el centro penitenciario presenta además una elevada diversidad de nacionalidades y perfiles. Una parte significativa del alumnado procede de otros países y algunos estudiantes llegan sin conocimientos suficientes de español. La formación inicial permite en estos casos comenzar por el aprendizaje del idioma antes de avanzar hacia la educación básica y la Secundaria.
El CEPA ofrece también formación vinculada al conocimiento sociocultural necesaria para determinados procesos de nacionalidad, prevista para comenzar a finales de septiembre o principios de octubre.
Durante la entrevista, los responsables del centro insistieron además en la necesidad de acabar con la idea de que los centros de adultos son exclusivamente espacios destinados a personas mayores. El CEPA establece una edad mínima de acceso, pero no una edad máxima, de manera que una persona de 89 años que quiera continuar formándose puede hacerlo.
En el caso de los jóvenes, la incorporación al centro requiere haber cumplido los 18 años durante el año correspondiente. Sin embargo, Funes reconoce que la presencia de estudiantes de entre 18 y 20 años sigue siendo reducida.
La dirección del CEPA reivindica, en definitiva, el papel de estos centros como una vía para aquellas personas que abandonaron sus estudios y posteriormente quieren retomarlos, así como para quienes llegan a España y necesitan orientación para conocer qué formación pueden convalidar y qué itinerario educativo pueden seguir.
El mensaje de los responsables del centro es claro: estudiar en un CEPA facilita la conciliación y ofrece nuevas oportunidades, pero no significa que se regalen las titulaciones. El alumnado debe acudir a clase, realizar los trabajos y superar los exámenes y pruebas establecidos para conseguir sus objetivos académicos.