El cambio al horario de invierno no solo obliga a ajustar los relojes. También puede alterar nuestro descanso, modificar las rutinas diarias e influir en el estado de ánimo. Aunque se trata de una variación de apenas sesenta minutos, nuestro organismo puede necesitar varios días para adaptarse a los nuevos horarios.
En Canarias, durante la madrugada de este domingo 25 de octubre, a las dos volverá a ser la una, lo que permitirá dormir una hora más. Sin embargo, también supondrá que anochezca antes según el reloj, una circunstancia que puede influir en el bienestar emocional de algunas personas.
La disminución de la luz natural durante las tardes puede favorecer la aparición de sensaciones de tristeza, apatía, somnolencia, irritabilidad y dificultades para concentrarse. No obstante, los especialistas recuerdan que el cambio de hora por sí solo no provoca depresión, aunque puede afectar temporalmente al estado de ánimo y a los ritmos biológicos.
Los efectos suelen ser pasajeros y desaparecer entre los primeros días y una semana, aunque determinadas personas pueden necesitar algo más de tiempo para recuperar sus hábitos habituales.
Los niños, especialmente los bebés, figuran entre los colectivos más sensibles a estas modificaciones. Sus horarios de alimentación y descanso responden a rutinas establecidas que no cambian automáticamente cuando se retrasa el reloj. Por ello, los expertos recomiendan introducir pequeños ajustes progresivos para facilitar su adaptación.
Aprovechar la luz natural, mantener una vida activa y respetar los horarios de descanso son algunas de las principales recomendaciones para reducir las molestias asociadas al cambio horario.
Realizar actividades al aire libre, caminar, practicar ejercicio físico y mantener el contacto con familiares y amigos puede contribuir a mejorar el bienestar físico y emocional. En Canarias, las temperaturas suaves durante buena parte del año permiten disfrutar de estas actividades incluso durante los meses de invierno.
También resulta importante mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, evitando cambios bruscos en las rutinas. Las siestas cortas pueden resultar beneficiosas para algunas personas, siempre que no interfieran con el descanso nocturno.
Los especialistas aconsejan prestar atención cuando los síntomas de tristeza, desánimo o falta de energía se prolongan durante varias semanas o afectan significativamente a la vida cotidiana. En estos casos, conviene acudir a un profesional sanitario para valorar si existe algún problema relacionado con el estado de ánimo, como el trastorno afectivo estacional.
El cambio de hora es, en definitiva, mucho más que retrasar las agujas del reloj. Supone una pequeña modificación de nuestros hábitos diarios que puede repercutir en el descanso y el bienestar emocional, aunque sus efectos suelen ser leves y temporales.