El COVID persistente continúa siendo una de las grandes secuelas invisibles de la pandemia. Así lo denunció Ángel Herrera García, presidente de la Asociación COVID Persistente de Canarias (COVIDPERCAN), en una entrevista en Radio Sol, con motivo del Día Internacional de esta enfermedad, celebrado el pasado 15 de marzo.
A pesar de que la sociedad ha pasado página tras la fase más crítica del COVID-19, Herrera advierte de que la enfermedad “sigue entre nosotros, muchas veces sin que las personas sepan que la padecen”. Se estima que más de 65 millones de personas en el mundo sufren COVID persistente, con más de 700.000 casos en España y alrededor de 70.000 en Canarias, según cálculos de la asociación.
Lejos de ser un cuadro leve, el COVID persistente puede implicar más de 200 síntomas distintos: fatiga extrema, dificultad respiratoria, dolores musculares, problemas neurológicos, taquicardias o la conocida “niebla mental”. “No es que estés cansado, es que no puedes funcionar con normalidad”, explica Herrera. “Puedes trabajar un día, pero al siguiente no puedes ni levantarte de la cama”.
Uno de los principales problemas es el diagnóstico. Al no existir una prueba específica que confirme la enfermedad, muchos pacientes pasan por un largo proceso de pruebas médicas sin resultados concluyentes. “A veces las pruebas salen bien, pero la persona está claramente enferma”, señala. Esta situación provoca que algunos casos sean confundidos con trastornos psicológicos, lo que, según denuncia, agrava el problema.
Además, Herrera alerta de un sesgo de género preocupante: alrededor del 70% de las personas afectadas son mujeres, lo que en muchos casos lleva a que sus síntomas se minimicen o se atribuyan erróneamente a ansiedad o estrés.
Aunque el COVID persistente ha sido reconocido recientemente como enfermedad crónica dentro de la estrategia nacional de salud, desde COVIDPERCAN critican que este avance “no se ha traducido en cambios reales en la atención sanitaria”. La falta de protocolos claros, la escasa formación específica del personal médico y la ausencia de unidades verdaderamente multidisciplinares siguen siendo obstáculos clave.
En Canarias, iniciativas como la consulta específica en el Hospital Juan Carlos I han sido, según la asociación, “insuficientes y más simbólicas que efectivas”. “Se vendió como una unidad integral, pero en la práctica no cubre las necesidades reales de los pacientes”, lamenta Herrera.
La consecuencia directa de esta situación es devastadora: personas que pierden su empleo, que no pueden mantener una rutina diaria o que ven deteriorada gravemente su calidad de vida. “Parece que tenemos que demostrar constantemente que estamos enfermos. Eso es agotador”, afirma.
Desde la asociación reclaman mayor inversión en investigación, formación para los profesionales sanitarios y un enfoque integral que aborde la complejidad de esta enfermedad. También animan a las personas con síntomas persistentes tras el COVID-19 a buscar apoyo y asesoramiento, ya que “poner nombre a lo que te ocurre es el primer paso para empezar a entenderlo”.
Mientras tanto, miles de afectados siguen luchando no solo contra la enfermedad, sino también contra la incomprensión de un sistema que, según denuncian, aún no ha sabido dar una respuesta adecuada.